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Nada de Nothing

Análisis Kodak Charmera: cuando lo real e imperfecto vuelve a enamorar

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Hasta la aparición de este artículo, este espacio ha estado exclusivamente dedicado a los productos y novedades de Nothing. Hoy hago una excepción porque me he cruzado con un producto que me ha fascinado. Con este análisis inauguro la sección Nada de Nothing (lo siento por el terrible juego de palabras), donde os hablaré de otros productos lejos de Nothing pero que me han robado un pedazito de mi corazón.

Esta vez no vengo a hablaros de transparencias, de glyphs ni de procesadores de última generación, sino de la Kodak Charmera: un “juguete” que me ha recordado por qué amo la fotografía.

Más que una cámara, un llavero de recuerdos

Lo primero que debes entender es que la Kodak Charmera no compite con tu smartphone ni cualquier otro dispositivo medianamente puntero. Con un sensor de apenas 1,6 megapíxeles, la calidad de imagen es, siendo objetivos, horripilante. Pero ahí reside su encanto. Mientras que con mi Nothing Phone (3) busco la perfección técnica, el encuadre milimétrico y la ausencia de ruido, con esta pequeña Kodak busco capturar la esencia.

Es un dispositivo diminuto, del tamaño de un paquete de chicles y con un peso de apenas 30 gramos. La llevo siempre en el bolsillo de la chaqueta o colgada como un llavero. Esa inmediatez es imbatible: la sacas, enciendes y disparas. No hay postprocesado, no hay HDR, no hay inteligencia artificial mejorando la escena. Solo estás tú y el momento.

El fin de la tiranía del postureo

Vivimos en una era donde la fotografía se ha vuelto esclava del “postureo” y las redes sociales. Buscamos que nada falle, que nadie pase por detrás, que la luz sea impecable. La Kodak Charmera rompe con todo eso. Su pantalla es tan minúscula que apenas ves lo que estás fotografiando y mucho menos el resultado final.

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Esa incertidumbre de no saber cómo ha quedado la foto hasta que la pasas al ordenador (ya que tampoco tiene disponible ninguna conexión inalámbrica) recupera una magia que habíamos perdido. Los resultados suelen estar desenfocados, con un rango dinámico inexistente y un ruido digital evidente, pero se ven preciosas. Son fotos reales, naturales, que guardan una sonrisa o un instante de forma cruda. Es, en definitiva, recuperar la fotografía como recuerdo y no como exhibición.

Un juguete para nostálgicos y coleccionistas

Seamos claros: no la compres si buscas contenido para redes sociales. Es un producto para nostálgicos y coleccionistas. Por unos 40 euros, compras una caja y te puede tocar uno de los siete modelos disponibles. Yo he conseguido la azul y, aunque la amarilla es la más icónica, esta me parece preciosa.

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Es ideal para quien quiera alejarse de la complejidad técnica y simplemente disfrutar. El enfoque no es fiable, especialmente en objetos lejanos donde todo se pixela, y en condiciones de poca luz sufre muchísimo. Pero si buscas un producto peculiar que replique esa estética de las cámaras antiguas que tanto se ha puesto de moda, la Kodak Charmera es imbatible.

Volver a disfrutar del disparo

Hacía tiempo que no disfrutaba tanto haciendo fotos. Al eliminar la presión de buscar la foto perfecta, te queda el placer de capturar el presente. La Kodak Charmera no es una cámara profesional, ni siquiera es una buena cámara bajo los estándares actuales, es un juguete con todas las de la ley. Pero es un dispositivo que me hace disfrutar de la fotografía otra vez. Es rápida, es imperfecta y es, sobre todo, honesta.

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