En el último episodio del podcast de Itnig, Jordi Romero se sienta frente a David San Martín, cofundador de Nothing, para desgranar qué hay detrás de una de las apuestas de hardware más arriesgadas de la década.
La historia de Nothing no es la de una startup tecnológica al uso. Es la historia de siete personas que salieron de OnePlus en China para intentar demostrar que el hardware aún puede ser emocionante. David San Martín, cofundador de la marca, desgrana en esta charla los entresijos de una empresa que ya vale 1.300 millones de dólares, pero que sigue lidiando con los problemas mundanos de cualquier fabricante: desde fábricas en Shenzhen hasta el precio del petróleo.
El salto al vacío: de OnePlus al nacimiento de Nothing
El inicio fue contraintuitivo. En lugar de lanzar un teléfono, empezaron con auriculares. ¿Por qué? Por riesgo y escala. El hardware es un negocio de márgenes estrechos donde un error te borra del mapa. Salir de la estructura cómoda de OnePlus para montar una empresa europea que produce en Asia tiene una explicación puramente económica: en Europa no existe la infraestructura. David es tajante: en China, si necesitas cambiar un componente, tienes diez proveedores en la misma calle. En Europa, la logística y los costes harían que el producto fuera inasumible para el mercado masivo.

Diferenciación o muerte: El diseño frente a la crisis de componentes
El cofundador de Nothing reconoce que el mercado está estancado. “Si pones diez teléfonos boca abajo, no sabes cuál es cuál”. De ahí nace la obsesión por el diseño transparente y la interfaz Glyph, inspirada en jeroglíficos. Pero más allá de la estética, Nothing se enfrenta a retos macro-económicos brutales.
La crisis de la memoria RAM, impulsada por la voracidad de la IA, ha disparado los precios un 200%. Un componente que costaba 150 € ahora puede rondar los 800 €. Esto ha forzado a la marca a ser estratégica: no sacan un flagship cada año porque “no merece la pena empujar al usuario a comprar si no hay un salto real”.
El despliegue de 2026: Phone (4a), (4a) Pro y la IA nativa
La nueva gama refleja esta madurez. El Phone (4a) apuesta por el plástico por una cuestión de ingeniería: es más resistente a los impactos que el cristal. David explica el eterno dilema del fabricante: un cristal que no se raye es más duro, pero estalla antes; un cristal que aguante caídas es más blando y se ralla con solo mirarlo.
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Respecto a la IA, Nothing huye de los “gadgets” independientes. Creen que el smartphone seguirá siendo el centro. Su apuesta es el Essential Playground, donde los usuarios pueden usar IA para crear sus propios widgets (como uno que escanee correos y avise de la llegada de paquetes de Amazon o DHL) sin saber programar. Es el primer paso para una integración que, según David, pretende poner “patas arriba” el sistema Android. Si te interesa saber más detalles sobre la creación de widgets vía Playground, te recomiendo que leas mis primeras impresiones tras realizar varias creaciones.
Una comunidad con asiento en el Consejo
Uno de los puntos más singulares es su modelo de financiación. Además de Tiger Global o Google Ventures, Nothing cuenta con 15.000 inversores particulares a través de crowdfunding. Esto no es solo marketing; tienen una figura llamada Community Board Observer, un usuario elegido por la comunidad que se sienta en los consejos de administración. “Nos dan caña”, confiesa David. Es una forma de asegurar que la empresa no pierda el contacto con la realidad del usuario que paga por el producto.
Logística, China y el factor humano
El negocio de Nothing vuela, literalmente. Debido a que son bienes de consumo rápido, utilizan aviones para mover el stock, lo que vincula sus costes directamente al precio del combustible. David reflexiona sobre la eficiencia de China, recordando cómo en Shenzhen los taxis pasaron a ser eléctricos de un día para otro por decreto. Una agilidad que contrasta con la burocracia europea, pero que también tiene sus sombras.
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Fiscalidad y la realidad del “Founder” en España
En el tramo más personal, David habla con una franqueza inusual sobre el éxito financiero. “Si volviera atrás, montaría una empresa para gestionar mis acciones”. Admite que no previó que la empresa valdría 1.300 millones en cinco años, y ahora se enfrenta a una fiscalidad española y un Exit Tax que penaliza enormemente el éxito.
Más allá del dinero, habla del estigma del empresario en España y de la responsabilidad legal. Ser administrador significa que puedes acabar “muy por debajo de cero” o incluso con riesgos penales si las cosas van mal. “El dinero es solo un componente; lo importante es dónde eres feliz”, concluye, dejando claro que, tras los LEDs y el diseño vanguardista, lo que hay es un grupo de fundadores asumiendo riesgos que quitan el sueño.







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