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El Nothing Phone (3) un año después: ¿trata Nothing a su flagship como se merece?

es realmente un flagship el nothing phone (3) o no

Ha pasado ya un año desde que el Nothing Phone (3) llegó al mercado como la gran promesa de la marca, el dispositivo que venía a demostrar que Nothing podía competir de tú a tú en la liga de los teléfonos de gama alta. Tras doce meses de uso diario, nadie puede negar que es el terminal más potente y completo que han fabricado hasta la fecha.

Sin embargo, en el mundo de la tecnología actual, un hardware excelente no es nada si el soporte de software no lo acompaña con la misma fuerza. Y es precisamente ahí donde me surge una duda razonable que se ha ido cocinando en mi mente durante los últimos meses: ¿realmente estamos ante un flagship?

Para mí, ser el buque insignia de una marca no es solo una etiqueta que justifica un precio más alto. Es un compromiso de mimo y prioridad absoluta hacia el usuario. Por desgracia, la realidad reciente nos está mostrando una tendencia bastante frustrante.

El agravio comparativo frente a la gama media

Lo que más me duele como usuario del Phone (3) es ver cómo los hermanos menores de la familia, dispositivos de gama media o baja que cuestan hasta 300 euros menos, disfrutan de novedades de software bastante antes que el terminal estrella. Es el caso de las funciones de borrado con IA en la Galería o las herramientas de edición de imagen avanzadas en la cámara, presentes en los modelos Phone (4a), Phone (4a) Pro y Phone (4b), pero completamente ausentes en el flagship. Tampoco han llegado los nuevos widgets de cámara de la serie (4a), ni los presets para vídeos, ni la función de cámara dual que acaba de estrenar el Phone (4b).

Para colmo, novedades transversales como las mejoras de Essential Voice llegarán al Phone (3) en agosto, lo que supone un retraso mínimo de dos meses respecto a terminales más económicos. Me alegro enormemente de que los usuarios con presupuestos más ajustados tengan estas opciones, pero considero que el dispositivo más caro de la marca debería ir, como mínimo, a la par en tiempos de desarrollo, y no por detrás.

Cuando el hermano menor te supera…

La frustración aumenta cuando analizamos el rendimiento puro en el día a día. Actualmente, el sensor principal del Phone (3) procesa peor algunas fotografías que el Phone (4a) Pro. He comprobado cómo el rango dinámico y el trabajo del HDR a contraluz son notablemente peores en el flagship que en el modelo de gama media. Llevamos demasiados meses sin recibir una actualización de peso destinada a mejorar el postprocesado fotográfico. Aunque quiero pensar que el equipo de desarrollo está guardando toda la artillería pesada para el despliegue de Nothing OS 5.0, la espera se está haciendo demasiado larga y molesta.

A esto debo sumarle otros detalles que empañan la experiencia premium. La duración de la batería se queda bastante por detrás de lo que ofrece el Phone (4b), y todavía persisten ciertos fallos molestos en la Glyph Matrix que no se experimentan en la Glyph Bar de los modelos más nuevos. Además, ver que con las ofertas actuales el Phone (3) se puede encontrar casi al mismo precio que el Phone (4a) Pro me hace cuestionar seriamente su estatus real. Un flagship debería ser superior en prácticamente todos los apartados, o al menos no verse superado de forma tan evidente por los modelos inferiores.

¿Es realmente un dispositivo flagship?

Aquí es donde llegamos al verdadero fondo de la cuestión y donde me toca ponerme más crítico. Una cosa es lanzar el teléfono más potente de tu catálogo y otra muy distinta es construir un auténtico flagship. El Phone (3) tiene la potencia bruta, el procesador de última generación y el diseño exclusivo, de eso no hay duda. Pero para mí, un flagship es un estatus. Es el terminal que debe liderar el camino de la marca, el que debe recibir los experimentos y las novedades antes que nadie, y el que bajo ningún concepto puede quedar en evidencia frente a los modelos más económicos de su propia casa.

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Al ver cómo la gama media le pasa por la derecha en optimización fotográfica, funciones de inteligencia artificial e inmediatez de actualizaciones, me queda una sensación agridulce. Da la impresión de que Nothing diseñó su teléfono más completo, pero sin otorgarle los galones ni el trato preferencial que se gana un auténtico buque insignia en el mercado actual. Si solo destaca por tener más potencia bruta en los benchmarks y en su peculiar diseño, se queda a medio camino de lo que nos prometieron.

Una cuestión de prioridades y cariño

Sé que puedo parecer demasiado exigente. Siendo justos, Nothing cumple con su calendario y nos ofrece actualizaciones de manera puntual cada dos meses. Es más, si lo comparo con otros móviles de otras compañías, como puede ser Xiaomi, estamos más que atendidos con Nothing. Pero mentiría si no admitiese que, durante este último medio año, las mejoras reales para el Phone (3) han ido disminuyendo a favor de los nuevos lanzamientos. Sé que Nothing lo puede hacer mejor, me lo ha demostrado en contadas ocasiones, quizás de ahí surja mi decepción.

Entiendo perfectamente la estrategia comercial de la empresa. Los productos nuevos necesitan atención para venderse bien. Pero Nothing debe encontrar un equilibrio urgente si no quiere desalentar o enfadar a su comunidad más fiel. Si los usuarios que más dinero han invertido en la marca sienten que su dispositivo no es el que más cariño recibe, la confianza se rompe.

El Phone (3) fue un gran golpe sobre la mesa, pero necesita el soporte puntual y preferencial que se le exige a cualquier flagship que se precie de serlo. Sé que Nothing más tarde o más temprano pondrá al día a su flagship, espero que me cierre la boca pronto con una gran actualización.

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